miércoles, 28 de septiembre de 2022

LOS ÁRBOLES Y EL VIENTO


 




Los árboles ya nos hablan con su porte y su belleza, con los colores de sus hojas y el aroma de sus flores, con la hermosa realidad de sus frutos. Y nos hablan de sus vidas, ancladas en tierra por la raíz pero también con vocación de vuelo intentando alcanzar el cielo con sus ramas más altas.

Pero cuando los árboles nos hablan de verdad, cuando nos cuentan y nos cantan sus penas y sus alegrías es cuando son dirigidos por el más genuino y prestigioso director de orquesta , el viento. Es entonces cuando cada árbol se convierte en músico virtuoso de la monumental orquesta sinfónica de la Naturaleza.

 

 


SAUCES

Los sauces son las escobillas que acarician suavemente la piel del tambor en las noches bohemias del jazz. Aportan a la orquesta los sonidos más sutiles y sensuales y ello ocurre cuando el viento se hace brisa ligera y mueve sus desmayadas ramas rendidas por el peso de la nostalgia y por ese afán de querer besar el agua cristalina del río. La música del sauce es, en las cálidas noches del verano, un susurro de palabras de amor de rama a rama, los suspiros que salen de la garganta de sus hojas cuando se abrazan empujadas por la brisa mientras añoran lluvias de primavera.

 

 



NARANJOS Y LIMONEROS

 

Naranjos y limoneros son los músicos mejor perfumados de la orquesta. En las tardes de las dulces primaveras, saturan de aromas de azahar el aire. Sus hojas repiquetean a las órdenes del viento y el sonido viene a ser un rasgueo de guitarras en un patio sevillano en las mágicas noches andaluza.



 

PINOS 


Los pinos se sitúan en el lugar más alto de la orquesta. Cuando el cálido aliento del viento en las mañanas del estío golpea sus  redondas y orgullosas copas, estas agitan sus agujas y suenan igual que un afinado xilófono de viejas piezas de madera.Las vecinas cigarras aportan el acompañamiento rítmico con su monótono canto de siestas infinitas.

 



 

CASTAÑOS

 

Cuando el viento del otoño azota las ramas del enorme castaño, se produce un sonido grave y melancólico, una melodía triste que nos recuerda al saxo. Sus desmayadas notas consiguen que las hojas abandonen las ramas y comiencen a danzar cual expertas bailarinas mientras caen en graciosas piruetas y locos remolinos en busca de la mullida alfombra del suelo otoñal. Sus giros locos ofrecen un bello espectáculo a ritmo de blue al maravillado visitante de la foresta.

 


 

                                                  CIPRESES

 

Tras las blancas tapias de los silenciosos cementerios, entre tumbas de mármol con jarrones de crisantemos, mecen los cipreses sus severas siluetas con movimientos lentos y solemnes, acordes con el tiempo y el lugar. Un viento sigiloso se cuela entre sus ramas y extrae de ellos notas de paz espiritual. Los muertos sonríen al escuchar ese sonido grave de ronco y lastimero violoncelo.

 

 

 

 

 

domingo, 5 de junio de 2022

Tu cuerpo de luna

 


Desciende esa pálida luna por el universo curvilíneo de tu espalda buscando circundar la redondez planetaria de los glúteos, para adentrarse después por cálidas hendiduras en busca de abismos intangibles, donde se encenderá -al fin-, voluptuosa, su extraña e inso(a)ciable cara oculta.


A partir de ese mágico momento, veremos cada mes aparecer en el cielo dos lunas llenas, una por cada cara, que se alternarán entre los cuartos. Y entonces, la cara pálida y fría, la de todos los plenilunios, sentirá enormes celos azules de la otra porque, cual bella durmiente, despertó de su eterno letargo gracias a un beso de los labios más ardientes de
 tu cuerpo.

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

Aquellos románticos del XIX

 

Ni siquiera cuando la risa fluye en cada encuentro cual súbita corriente diáfana  y cantarina naciendo desde el centro mismo de la dicha más noble  y más auténtica, ni tan siquiera entonces, se le puede llamar amor. Miradas y caricias fortuitas son más vuelos rasantes de palomas que afán de transmitir los sentimientos. Si escondes en tu manga cualquier carta frente a quien te deslumbra con su risa esa primera vez. Si al hablarle de amor te hablas por dentro con un razonamiento paralelo buscando lo mejor para tu ego, estás asesinando la magia del encuentro, la esencia del amor. De un amor que debiera ser siempre franco y noble, sin trabas, sin barreras ni torpes aranceles.

Mirar, reír, bailar, abrazar o besar tibiamente no será suficiente. Se trata de gritar, hasta sentirte enloquecer en medio de las grises multitudes, que quisieras morir sólo de amor, sin otros argumentos ni razones. Mejor no descansar de pronunciar su nombre, ni un solo instante al día. No dar tregua a sus ojos en los tuyos ni siquiera en la noche. Se trata de vivir muriendo por sus besos y, al besar, dejarte el alma prendida de su boca. De amar sin planes de futuro, sin sombras de pasado. Amar, amar, amar sin condiciones. Aunque con ello estés hipotecando tu paz interior en un futuro incierto. Aún sabiendo que puede que mañana te dejen con el alma rota y al relente, tiritando de frío y soledad bajo las estrellas burlonas del verano

No importa. Lo sentido al amar de esa manera todo lo compensa. Porque todo lo que venga después será solo un intento de revivir aquello. Solo una mala copia de aquel fuego en el cuerpo ante su cuerpo. Un intentar volver inútilmente a sentirse inmortal ante los otros.

Sólo amando así aprenderás a diferenciar –como aquellos “locos” románticos del siglo XIX -  entre el estar y el ser frente al amor, entre el simple existir como mero espectador ante él y el vivirlo plenamente en cada mirada, en cada caricia, en cada suspiro. Solo así podrás descubrir que lo que de verdad importa, lo esencial en la vida, es el amor. Nada más que el amor.